
Una compra navideña
29 diciembre 2011Sigilosos, con los rostros envueltos en dos túnicas invisibles, entraron a la tienda queriendo comprar el mundo, pero sin ninguna opción lista. El vendedor, experto en volver añicos prejuicios, los increpó para que entraran en calor y les despachó una certera ráfaga, Por sus caras veo que están buscando un vibrador. Ella se electrocutó y él se encogió queriendo volverse minúsculo, Tranquilos, acérquesen, que les voy a enseñar el material que tenemos.
El primer adminículo fue un aparato generoso, de dieciséis funciones, cuatro cambios de velocidad y doble tracción. Ella cerró los ojos. Él tragó entero. Después vino un electrodoméstico de menor cuantía y menores resabios. No tuvo éxito por el color. Y llegó el elegido: un simulador de tamaño común y corriente, del grueso de la población, pero con unos pequeños balines que, al vaivén del caracterísitco ruido, se volvían caricias impensables y despertaba sensaciones gaseosas, pero gustosas, muy gustosas. Ya les cuento. Se miraron, se rieron con picardía y acertaron: Este, cierto, preguntó ella y él, ni protestó.
El vendedor, confiado de su exitosa presentación, procedió a ampliar su ganancia. De la vitrina tomó un frasco pequeño, transparente y dio instrucciones, Untás un poquito en el glande, otro poquito en los labios interiores y preparate para pasar al cielo, eso sí, si ella es de las que pide cuerda, como se le nota, con todo el respeto, no podés quedar a mitad de camino: mirá. Entonces, sacó una pastilla envuelta en un capuchón negro con inscripciones chinas. Esta belleza te la tomás veinte minutos antes y el pene se agrandará un cuarenta porciento, es mágico, pero verídico. Este último producto no convenció, así que el dependiente expuso otro líquido, Dos aplicaciones, en cabeza y cuerpo, y tenés garantizada hora y media de sexo duro, templado y rico –esta palabra la alargó cuatro o cinco íes–, y usted, preciosa, va a ñarear como una gata desesperada, no se preocupe. Ambos, rieron. Funciona, funciona, llevalo y te encimo la pasta, ahí está. Los convenció.
Aquí venden bolitas chinas, indagó ella. Él abrió los ojos más de la cuenta y suspiró. Aquí están, dijo el vendedor, explicando con claridad el funcionamiento de aquel collar, Muy fácil, las bolas más grandecitas se introducen con suavidad por delante y se sacan con ternura, y si el hambre es mucha, pues empata con las sobrantes… sí, mi amor, por detrás, doble punta, como los colores prismacolor. Ambos, rieron.
Empacaron sus nuevo juguetes y salieron de la tienda como si nada hubiese ocurrido… si quieren saber el final de esta historia, espero sus comentarios, con posibles argumentos. Será divertido.
Historias inconclusas que dejan al lector con la imaginación al 200%
Propuestas son lo que hay! jeje
Sólo necesitamos una historia, Karolina, sólo una.
Hombre y mujer se pasean por los apeaderos de la autopista principal, apurando una golosina bajo la grana que vaticina la hora en que el sol se pierde en la bruma, como chontaduro en chocoanas fauces, luego de haber franqueado buena parte de la tarde anaqueles y vitrinas, en busca de las pantaletas para la abuela, el juguete para el hermanito y las herramientas epicúreas propuestas a conjurar la colisión de la voluptuosidad y la gazuza.
Cogiendo, cogieron el año entrante por sorpresa. Los estertores se trenzaban en unísono crescendo y los sudores ya enturbiaban los tendidos. Para el cuarto round de la faena, nuestro héroe yacía macilento y con una mueca que se debatía entre el paroxismo y el nirvana, en un sofá-cama de dos por dos. La fémina, que enmascarar no podía el desazón de quien siente la burla de la publicidad, se dirige con aire vehemente al hombrecillo tomándole por el gaznate…
Bien, mompa, muy bien.
Sigo bloqueado, pensando en que sos vos. No puedo sacarte de la tienda comprando tal artefacto.
No hay que confundir la realidad coñá ficción.