
El hombre que llevó un ataúd en bus
14 julio 2011Por Óscar Ortega García – Relato
Antes de entrar al segundo módulo del bus articulado, Vicente ya se había acostumbrado a las miradas y susurros que los demás. No le incomodaba, pues el mismo era consciente de que transportar en una ruta express del MÍO un ataúd para un niño recién nacido era algo tan extraño como peculiar.
Lo cargaba con su mano derecha, tratando de no golpear a nadie con la pequeña cajita, blanca y adornada con rombos de espuma y botones plateados en cada extremo de éstos. Todos lo miraban, sin excepción, pero ninguno quería ofrecer su ayuda para llevar ese particular objeto en sus piernas, pues Vicente viajaba de pie.
Al fin, un hombre canoso y de gafas gruesas tuvo la gentileza de cargar el ataúd. Vicente aceptó, más porque sin la caja en sus manos, los ojos ya no se detendrían en él.
¿Por qué un hombre decide llevar un ataúd en bus? ¿Acaso no es obligación de la funeraria correr con toda la logística que requiere un duelo de esta magnitud? “La verdad —dijo Vicente—, estoy haciendo un favor muy especial. No había quién llevara el ataúd y yo no le vi problema a montarme en este bus para cumplir con el pedido. Además, la carrera en taxi me saldría muy costosa y el palo no está para hacer cucharas”.
Seguramente, Vicente sorteó más preguntas durante su recorrido, porque los curiosos afinaron sus oídos apenas escucharon hablar a este hombre. “No sé por qué lo hace, pero me parece muy doloroso que lleve el ataúd, quizás de un familiar cercano, en sus brazos. Debe ir destruido aquel tipo”, expresó Constanza Figueroa, quien abrió los ojos, impresionada, al ver a Vicente parado junto a ella. “De pronto tiene mucho dolor, qué pesar, pero debió meter ese ataúd en una bolsa negra o algo similar. Mire, todo el mundo lo voltea a ver”, declaró Eduardo Satizábal, estudiante de publicidad.
Vicente llegó hasta la última estación y salió del articulado caminando de prisa. Recorrió siete cuadras a pie y, finalmente, entró en una casa de dos plantas, donde varias personas se agolpaban afuera con evidentes signos de tristeza. El hombre que transportó un ataúd para niño por las calles de Cali, montado en un bus articulado, salió cinco minutos más tarde, convertido en el mismo ser anónimo de siempre.

Uy mompa! Vos estás peor que yo pues… Ni siquiera me hubiera atrevido a tomarle la foto…Qué tal!!! Buena la historia.