
Tres días padeciendo cálculos renales (III)
23 febrero 2010
Imagen tomada de morguefile.com (http://www.morguefile.com/archive/display/46673), bajo la figura de creative commons. Ilustra el relato, pero no identifica a ninguno de los aquí mencionados.
La madrugada del viernes sentí la verdadera fuerza de los cálculos renales. Angustiado con la idea de ser atendido por un especialista 30 días después de aquella noche, los dolores llegaron e irrumpieron en mi cuerpo con ferocidad. Durante más de trece horas, jamás cesaron ni desfallecieron. Fueron implacables.
A las dos de la madrugada me levanté sudando, aunque tenía frío. A las tres caí doblado en el piso de mi cuarto y a las cuatro no aguanté más, salí a la calle y me monté en el primer taxi que pasó: “A la Clínica Versalles, por favor”.
Mi madre no se despegó de mi lado. Ella fue mi alivio, porque enfermeros, médicos, auxiliares y hasta el personal de aseo pasaban por mi lado y ni siquiera preguntaban cómo me llamaba, cuántos años tenía o cuál era el número de mi cédula, preguntas típicas en una EPS. Estuve cuarenta minutos sin recibir ninguna atención, hasta que un enfermero me dio la buena nueva: “Te voy a canalizar, te pongo Buscapina, con Dipirona y en un ratito te viene a ver el médico”.
El ratito duró más de una hora. A las 6:25 a.m., el médico Jaír Cerón, sin verme a los ojos y escribiendo no sé qué, me explicó. “Te hemos dado Buscapina, Dipirona y ahora te vamos a poner Meperidina. En media hora, si no te pasa el dolor, te operan”. Pasó el tiempo y los dolores continuaron atormentándome.
A las 10:35 a.m., un hombre joven, vestido con una bata blanca, preguntó mi nombre. Me llevó en silla de ruedas al edificio de enfrente y me ubicó en una sala junto a seis personas más. “Te vamos a preparar para la operación”, dijo una enfermera. Cambié mi ropa por una bata azul, una cofia y zapatos de tela. Empecé sentado, como todos y terminé doblado en la silla… los dolores se intensificaron, creo, porque después de tres horas no pasaba nada.
La misma enfermera me llevó a una camilla para aplicarme algo. No sé qué fue, pero sirvió. Ahí me quedé una hora más. Serían las 3:30 p.m. cuando fui llevado al quirófano, donde extraerían mis dolores. La anestesióloga (no se identificó) me explicó lo que haría en mi cuerpo, aunque no mencionó ningún medicamento. Después nadie quiso hablar conmigo ni decirme qué procedimiento harían para aliviarme. No me importó, los dolores empezaban a desaparecer.
Quién me operó se llama Ómar Rivera, es urólogo, y creo que, por lo que he intentado descifrar en la historia clínica, me practicó una ureterolitotomía endoscópica. Luego del procedimiento, una enfermera estuvo pendiente de mi reacción. Pero nadie me indicó qué podía comer, qué debía tomar, cuánto duraría mi reposo, qué debía hacer. “Ya todo está en la caja, joven. Se puede ir”, afirmó la enfermera.
Siete días de incapacidad, 30 tabletas de Cefalexina y 20 de Ibuprofeno. Además, un urocultivo. De Coomeva, nadie me ha llamado. Tampoco de la clínica. Carlos Toro, internista amigo mío, sí ha estado al tanto de mi recuperación. Él fue quien me dijo: “Mejor que la EPS, incluso que la prepagada, es tener un amigo médico”. Y tiene mucha razón.
Afortunadamente estás bien… pero que te sirva de aviso para pagarle salud a Saludcoop, q al fin y al cabo, como dijo Claudia Gurisatti esta semana “es la EPS q menos quejas presenta por parte de los usuarios”, curioso, no? jejejeje
Me alegra q hayas sacado un buen producto escrito de este “parto masculino”, como diría mi mamá y por su puesto, me alegra q estés bien, un abracito.
Gracias, Caro, por tus ojos. Sí, es el parto masculino, pero menos mal ya estamos bien. Y Gurisati estaba haciendo campaña publicitaria no pagada o qué.
Sabes que soy admirador de tus escritos y me enorgullezco de tu talento literario.
Pero tal vez cegado por el dolor (y lo digo por experiencia)de tus cálculos este escrito parece un edicto donde los culpables son los médicos. El problema es muchisimo mas amplio y el médico está en medio, porque ni el sistema ni la actitud de los pacientes permiten que se ejerza la medicina dentro del juramento que alguna vez cándidos hicimos, hace mucho rato que los médicos ni la medicina es vista como debe ser para que cumpla su principal función: Dar calidad de vida por encima de razas, credos, politicas y grupos sociales y económicos. Un abrazo y te aconsejo ir a la San Jorge: Citrato de potasio en jarabe 5 cm con cada comida por un largo tiempo. Te quiere tu amigo. Otro internista del medio y medio exiliado.
No, mejor aún, es tener una novia médica.